¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE UNA REGULACIÓN GARANTISTA Y/O ALTRUISTA DE LA GESTACIÓN SUBROGADA?

GS2Algunos de los títulos, subtítulos o mensajes que podemos encontrarnos en tweets, artículos y webs de asociaciones/activistas pro Gestación Subrogada (GS): “Por la libertad de las mujeres”. “Para que ningún menor nazca sin estigma”. “Necesitamos una industria regulada para evitar abusos a las mujeres”. “No somos vasijas, somos doncellas de hierro”. “¡No dejes de soñar!: ¡Son nuestros hijos!” “Avancemos en Igualdad”. “Dos cuentos infantiles que explican la Gestación Subrogada a los y las más pequeñas de casa”. “En contra de dogmas ultras: que las mujeres sean dueñas de sus cuerpos”. “Defensa por una regulación ética y garantista para todas”. “Carmen, por fin, conoce su casa” (Carmen es una bebé nacida en Thailandia por gestación subrogada para pareja española), “Aýudanos comprando este cuento de la Gestación Subrogada: El viaje al árbol de la vida”.

“Defendemos un mundo donde la familia es un proyecto basado en el amor”, se puede leer en la web de Son Nuestros Hijos, la más importante asociación progestación subrogada. En su apartado “Valores” se defiende “el derecho de hombres y mujeres a decidir de manera libre y responsable la posibilidad de ser padres y madres” y “el derecho a decidir libremente el tipo de familia que se quiere formar”. Y en su Código Ético leemos que “la gestante debe mantener su autonomía y capacidad de decisión a lo largo de la gestación”.

Los medios de comunicación nos presentan historias de vida y entrevistas a mujeres con anunciado discurso feminista y altruista que han sido o quieren ser mujeres gestantes para GS.  “Aquí tenemos a Jenniffer, universitaria de Oregon que a sus 28 años nos cuenta la maravillosa experiencia…”.  Leemos en artículos frases enunciadas por mujeres como “poder ofrecer a una familia el fruto de ello debe ser maravilloso” o “la maternidad tiene que ser el mejor sentimiento y poder compartirlo, más aún”.

Ignacio Paradero, secretario de Podemos Salamanca e indiscutible activista LGTBI, enlaza la GS con la donación de transplantes y con la solidaridad y el altruismo de la ciudadanía. Un modelo de gestión pública eliminaría el riesgo de mercado de la GS, nos dicen desde el activismo pro GS.

Las Juventudes Socialistas defienden la GS porque es el “derecho de las mujeres, a decidir libremente cuándo y cómo utilizar su cuerpo; sin presiones, sin miedos y con total libertad, como siempre hemos defendido los y las socialistas”.  “No podemos poner muros a la libertad de las mujeres, nosotras debemos tener la libertad para decidir subrogar nuestro útero, sin trabas, ni condenas”, leemos en un comunicado de Juventudes Socialistas de Navarra.

Luchar a favor de la GS es hacer débil a la Iglesia y a la derecha. No estar de acuerdo con la regularización de la GS es “contrario al empoderamiento de la mujer, pues en palabras de Clara Campoamor, la libertad se aprende ejerciéndola”.

 “Aquí se debate sobre gestación subrogada de manera altruista”, enuncia la web de Asociación por la Gestación subrogada en España, otra asociación significativa. Albert Rivera, de Ciudadanos: “Con un modelo altruista de GS permitimos a la mujer tomar la decisión de manera libre y generosa”.

Porque… ¿tenéis algún problema en que una mujer quiera ser altruista?, ¿y con ampliar la libertad a las mujeres? La gestación subrogada es un paso adelante en derechos civiles. ¿Os oponéis a los derechos civiles?

Nos encontramos con una proyección de la gestación subrogada (GS) enlazada a progreso, feminismo, donación altruista, derecho a la familia, libertad, autonomía para las mujeres.  En medio de todo esto, el factor género y pobreza desaparece de la receta y se omite la economía-industria bajo  mantras tipo “regulación garantista” o “sistema público de GS”. Como va a ser algo similar a la Organización Nacional de Trasplantes y va a haber una regulación con garantías, no habrá explotación de mujeres vulnerables, se nos promete.

 “La Asociación Son Nuestros Hijos defiende un modelo de regulación garantista con los derechos de todas las partes y denunciando las malas prácticas de ciertos intermediarios que sólo buscan lucrarse a costa de las ilusiones y los deseos de l@s demás”, leemos de la propia asociación. ¿La realidad? Un modelo como el de Reino Unido, que prohíbe la gestación subrogada comercial y limita la subrogación altruista a acuerdos entre amistades y familiares, no está funcionando y son conscientes que resulta insuficiente porque no alcanza a satisfacer el deseo que motoriza el activismo pro GS, de tal manera que no es ése el modelo que se está defendiendo realmente.

Cualquier modelo de regulación planteado por el activismo pro GS amplia las puertas a la industria, porque sin industria no hay transferencia bebé de mujer gestante-hijo para otros. Sin industria no hay mantenimiento de la gestación subrogada porque se necesita conectar la demanda con la oferta.

Con la regularización (pública o privada) se potenciará una industria, dado que se debe contar con agentes mediadores (empresas), los cuales querrán mantener o aumentar sus ganancias actuales, y también con la mujer gestante, a la que se le ofrece un dinero en concepto de perjuicios. Y esto, desde los modelos que se defienden, será así aún desde un modelo de iniciativa pública, dado que vivimos en un sistema donde, aún desde lo público, cuestiones tan delicadas como la atención a mujeres víctima de violencia de género o a menores en situación de desprotección social ha quedado gestionada por empresas con ánimo de lucro.

En España ya tenemos ciudadanos que han hecho uso de la GS, muchos de ellos famosos que salen anunciándolo en revistas y no han tenido problema legal alguno. También existe el recurso de que una mujer dé a luz para ceder luego la patria potestad a tercero/s. Lo que el activismo pro GS defiende va por otro lado: que sea la administración pública la que se encargue de una gestión más accesible para sus demandantes, de tal manera que, en otras cosas, cubra los costes o ponga en contacto la demanda con la oferta. A muchos demandantes/deseantes les hace falta simplificar trámites y que les den mayor facilidad porque lo cierto es que en los últimos 12 meses ha habido muchos países con industria de GS que han cerrado sus puertas a demandantes extranjeros, especialmente si éstos son homosexuales, y además no todas las personas deseantes de GS tienen el nivel económico suficiente para afrontar el coste que exigen las empresas (de 35.000 a 150.000 euros). Las metas del activismo pro GS conllevan como efecto la ampliación del número de demandantes bajo la defensa, argumentan, del derecho a ser madre sin parir, o a ser padre sin contacto con la mujer gestante.

Una vez regulada la GS, se necesita mantener la maquinaria, esto es, generar una oferta adecuada a la demanda. Oferta y demanda son correlativos, y si la oferta es menor a la demanda, pues se presta a generar más, con más agentes mediadores y más productos, lo que implica mayor competencia y entonces estrategias más retorcidas para obtener plusvalía. Efecto: dotaciones económicas y protecciones más reducidas para los empleados- en este caso: mujeres gestantes-. A día hoy, se nos dice, la industria de la GS mueve 2 mil millones de dólares a escala mundial y no va a querer detenerse.

La realidad según la cual una mujer conoce a una pareja o persona y quiere parir y ofrecerle su bebé altruistamente como señal de afecto no es la única realidad que potencia el activismo pro GS. No es tanto negar que haya mujeres altruistas empoderadas que quieran ser gestantes para otros- no deberíamos de entrar en ese debate, que sí interesa al activismo pro GS porque invisibiliza otras relaciones (de poder) que acontecen de manera mayoritaria-, sino que no hay ni habrá suficientes mujeres no vulnerables socialmente con las que se pueda generar la oferta necesaria a la demanda.

Un embarazo para la mujer y para la sociedad no es algo neutro, aun incluso cuando quitemos lo ligado que está a la identidad de la mujer embarazada su proceso de embarazo; puede gustarnos la idea de que un embarazo sea un proceso neutro, pero en la sociedad en la que vivimos no lo es- y más con el  contrato inherente a la GS, que incluye sanciones si no se cumple-. 9 meses con restricciones y salud vulnerada, sin interrupciones, día y noche. Todo esto lleva a que no haya tantas mujeres solidarias dispuestas a parir bebés para entregarlos a personas con las que no tienen vínculo afectivo.

La solidaridad de las mujeres no mantiene la industria de la gestación subrogada, de tal manera que lo se defiende permite que en torno al deseo del cliente y a las mujeres gestantes se vaya tejiendo toda una estructura que permite hincarle el diente a mujeres en situación de vulnerabilidad social.

El activismo pro GS con mayor peso con respecto a miembros y redes políticas está de acuerdo con que un demandante nacional pueda conseguir el producto exportado, esto es, que la mujer gestante resida en otro país. Y esto es así porque saben que necesitan a “mujeres otras”.

Cuando se dice defender la autonomía de las mujeres para decidir la utilidad de su cuerpo, realmente se defiende la decisión de las mujeres de clase social vulnerable para ofrecer su cuerpo a personas de clase social más alta. No son “las mujeres”, son “las mujeres de una clase social que no es la nuestra”.  Lo que se quiere en realidad es que todo sea más fácil para el demandante, mientras se exclaman discursos de derechos para las mujeres gestantes. Se defiende la autonomía de las mujeres que optan por gestar para otros, pero la industria de la GS no necesita, y de hecho no quiere, mujeres empoderadas porque necesita garantizar su plusvalía.

Se habla de autonomía, de altruismo, de garantías… y todo ello dentro de  relaciones de poderes,  en la que una de las dos partes tiene un capital social y económico mucho mayor y es gestor de un contrato que regula la relación… ¿Qué estamos entendiendo por autonomía?

El código ético de Son Nuestros Hijos recoge que “las gestantes deben participar en la técnica reproductiva de forma voluntaria, altruista y con un nivel intelectual capaz y suficiente para entender qué representa la GS”. Pero, ¿puede una persona estar completamente informada de algo que nunca ha hecho antes y que le va a comprometer interrumpidamente mínimo 9 meses?, ¿cuál es el pago verdaderamente altruista por renunciar a un bebé?, ¿a partir de qué cantidad de dinero deja de ser altruista su implicación?

Nos hablan de “regulación garantista” o de regular que sólo haya mujeres gestantes con situación económica y psicológica estable, pero no se especifican cuáles son los indicadores para determinar una situación económica como holgada y estable, especialmente problemáticos si las mujeres gestantes viven en países con altas tasas de desigualdad y pobreza femenina.

Se podrá afirmar que explotaciones y situaciones de vulnerabilidad existen en todas las relaciones mercantiles e industrias, que las mujeres limpiadoras o de tiendas de ropa o de hostelería también están siendo explotadas, con consecuencias para sus identidades y sus cuerpos. Y efectivamente lo están, pero nadie habla de autonomía o empoderamiento en todo ello. Nadie defiende que estar explotada por una empresa de comida rápida sea un derecho o un avance feminista. No hay activismo en torno a ello.

Enunciar que la regularización de la GS conllevaría condiciones de trabajo más dignas para sus mujeres gestantes es engañoso porque:

1) No puede existir medio alguno que regule de manera real esas condiciones “más dignas”. Las empresas de cualquier industria están ya reguladas y obedecen al imperio de la Ley, y sin embargo distan mucho de ofrecer protección frente a abusos que acontecen diariamente, y mucho más hacia las mujeres en situación de vulnerabilidad social, carne de cañón para ser empleadas en la GS. Además, en casos de GS con relaciones comerciales en otro país no se podría asegurar que se cumpliesen determinados requisitos (¿cuáles?). Y el nivel de dignidad y calidad de vida varía sustancialmente entre países en vías de desarrollo.

2)  Un embarazo es algo más vulnerable para la identidad, la salud y el cuerpo que estar cosiendo o haciendo zapatillas. Implica un deterioro en la salud e importantes restricciones, para nada comparables a, por ejemplo, un dolor de espalda tras estar cortando el pelo durante todo un día.

3) Una vez firmado el contrato, la mujer gestante queda a merced de la empresa y está obligada a cumplir todos los requerimientos, porque el feto que crece dentro de ella no es suyo, sino de los compradores. Los contratos obligan a las mujeres gestantes de la GS a no interrumpir el embarazo en caso de que quieran rescindirlo, siendo severamente sancionadas por ello. Una mujer trabajadora puede abandonar su empresa en cuanto se crea capaz de ello, pero una mujer gestante en la GS está obligada a un embarazo de 9 meses, sin desconexión alguna; se podría argüir que dentro de esas garantías esté el permitir que la mujer gestante de GS pueda rescindir el contrato cuando quiera, pero esto choca frontalmente con los intereses de la empresa y de los demandantes, que son los que orquestan las condiciones; si la mujer aborta, el daño económico para la empresa es significativo, puesto que tiene que reiniciar el mismo proceso, complicado y caro- ¿cómo mantener la plusvalía si no es a costa de penalizar a la mujer?-; también hay daño para el demandante, que ve demorar la entrega de su producto y bien puede exigir compensación.

Cuando se defiende un modelo de GS anunciado como garantista, la “libertad” se convierte en majestad, de tal manera que otras cuestiones se convierten en irrelevantes y los que nos oponemos a ello somos tachados de autoritarios y opresores, en tanto en cuanto pareciera que no otorgamos la mayoría de edad a las mujeres para decidir y actuar en libertad. A la mujer gestante se le convierte en una heroína feminista que hace trizas las implicaciones anticuadas de la maternidad. Las feministas anti GS se convierten en representantes de un patriarcado que prohíbe y castiga a otras mujeres. Nada ayuda más a la industria de la GS como afirmar que es una cuestión de derechos de la mujer y de libertad.

Por encima de esto, la GS se basa en los deseos de los clientes, motorizados por la industria; no son las mujeres gestantes las que crean el contexto ni son ellas las que satisfacen su deseo por el producto generado. La mujer gestante ocupa el papel que le han dado sujetos con poder, dentro de un escenario donde no puede resignificar de manera autónoma los significados de su cuerpo, porque esos significados ya han sido dictados por otros. La GS no se da en un marco feminista y no es un “asunto de mujeres”. Es por esto por lo que en los reportajes de la GS se gusta más de representar la felicidad de la familia resultante antes que la historia de vida de la mujer gestante, omitida salvo para resaltar que es un hada madrina.

Se nos dice que la gestación subrogada amplia la autonomía de las mujeres para decidir con su cuerpo, si bien tal y como señala Kajsa Ekis Ekman en El Ser y la Mercancíala mujer convierte una parte de sí en algo que pertenece a otro. Esta es la reificación: una parte del “yo” se convierte en “otra cosa” que pertenece a “otra persona”. Ahora bien, el hecho de que algunos niños no crezcan junto a las mujeres que los parieron, y llamen “mamá” a otra, no es nada nuevo. Pero en el contexto del alquiler de vientres, el niño está destinado a otra persona, mientras existe en el cuerpo de la mujer. De esta forma, la maternidad subrogada es una forma ampliada de reificación”.

Otra estrategia para defender la GS es situar su marco como revolucionario, rompedor de normas, si bien la GS entra en relación con la explotación de funciones básicas como la sexualidad y la reproducción, con el embarazo como función al servicio de otros, con un padre-consumidor que paga y manda frente a una mujer-contenedor …nada realmente antipatriarcal y progresista, como tampoco lo es el modelo de familia que propone, por mucho que rompa la idea de maternidad tradicional: se quieren familias de filiación sangüínea, mantenidas bajo enlaces de descendencia, fortalecidas por infantes en propiedad, sin trastocar roles intrafamiliares.

En estos tiempos proliferan estrategias para la legitimación de vulneración de derechos mediante la utilización de conceptos relacionados con el progreso, la libertad o la autonomía. Debemos prestar atención no sólo a lo que se dice, sino a lo que hay detrás, al contexto que lo propicia, a qué intereses favorece, y  qué efectos cobra en aquellxs con menor protección social.  ¿Es una necesidad de las mujeres o quiénes lo están demandando?, ¿se benefician de ello las mujeres o quiénes se benefician?, ¿cuáles son las condiciones concretas a las que se sitúa a las mujeres, y por parte de quién?, ¿qué implicaciones tiene en el conjunto de las mujeres y también en aquéllas con mayor vulnerabilidad social?, ¿qué deseos se mantienen, renuevan o cambian, y de quiénes son esos deseos? , ¿qué tipo de relaciones promueve?, ¿qué mensaje acerca del cuerpo, el sexo y el deseo genera?

El mantra “Mi cuerpo me pertenece” no debería de implicar la cesión de nuestro cuerpo a los deseos de otros (que no casualmente poseen mayor capital social), en tanto en cuanto el cuerpo no nos pertenece como si fuera un objeto que se dona o presta: nosotros somos nuestro cuerpo. El “yo” es inseparable del cuerpo. La relación de una mujer con su cuerpo no es la que un taxista puede tener con su coche o un informático con su ordenador. Sólo cuando las mujeres hagan uso de su cuerpo para sí mismas y no para crear un producto que beneficia a sujetos con mayor poder podremos vivir en feminismo.

La realidad es que defender la GS al tiempo que hablar de “un modelo altruista controlado desde el sector público, que impida cualquier intervención del mercado, como ya se hace en la donación de órganos” no puede encajarse de manera real con el tipo de planeta que vivimos, con su modelo de gobierno, relaciones, economía, deseos, regulación de géneros y cuerpos. A muchos nos gustaría vivir en otro tipo de planeta, de tal manera que intentamos contribuir a su mejora, pero los modelos de GS no encaminan a ello.

Apéndice: la relación de la GS con la realidad enunciada como altruista de los trasplantes de órganos en España forma parte del imaginario del activismo pro GS.  En efecto, la ley Española sobre trasplantes, de 1999, establece que “no se podrá percibir gratificación alguna por la donación de órganos humanos por el donante, ni por cualquier otra persona física o jurídica”. Sin embargo, a la alta tasa de trasplantes contribuye el incentivo financiero. No se paga a las familias de los donantes, pero sí cuantiosamente a los médicos intermediarios en forma de salario extra.

libro-gestacion-subrogada

Uno de los cuentos editados por asociaciones pro Gestación subrogada, muchos de los cuales son protagonizados por animales. 

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