Los futuros de la ciudad en la ciencia-ficción

Jesús Ibáñez (1928-1992) en su artículo “Los futuros de la ciudad” analiza las características de lo que él considera “ciencia-ficción” de izquierdas, en contraposición a la de derechas. Aquí un resumen de su estudio.

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“La ciencia-ficción es el dispositivo más potente para predecir futuros sociales: es científica en su forma, artística en su contenido. El enfoque sobre un tema puede ser teoremático o problemático. En el enfoque teoremático, se inyectan axiomas y se extraen por deducción teoremas (abstractos). En el enfoque problemático, se plantea un problema concreto y el propio sujeto que lo plantea interviene como agente de su solución. La ciencia-ficción conjuga los dos enfoques: el teoremático como ciencia, el problemático como ficción. En la novela de ciencia-ficción los axiomas se inyectan en la situación como condiciones contrafácticas (lo que convierte a la situación en problemática). Qué ocurriría si esto y esto… (…) El pronóstico de la ciencia-ficción es condicional: no tiene la forma “esto va a pasar”, sino la forma “esto pasará si tal y tal”. Como pronóstico condicional, deja abierta a los propósitos de los sujetos la manipulación de las condiciones (en la medida en que sea posible)”.

-La ciencia-ficción de derechas ha predicho futuros esplendorosos para la ciudad, en tanto en cuanto sus autores tenían fe en la ciencia y la tecnología. La ciencia ficción de izquierdas ha previsto futuros tenebrosos para la ciudad.

Contraponemos dos ejemplos: la ciudad lunar y nocturna de Arthur Charles Clarke en “La ciudad y las estrellas”, y la ciudad de ““!Hagan sitio! ¡Hagan sitio” de Harry Harrison, escritor de ciencia-ficción de obra ecológica.

La ciudad y las estrellas - Arthur C. Clarke descargar.jpgArthur Charles Clarke relata en “La ciudad y las estrellas” (1967) la saga de una humanidad que ha estado recluida en la Tierra por el acoso de sus enemigos exteriores, pero que vuelve a encontrar el camino de las estrellas. Diaspar, con cuya descripción empieza la novela, es la última ciudad en la Tierra: “Como una joya resplandeciente, la ciudad descansaba sobre el corazón del desierto (…). La noche y el día tenían sus efectos sobre la superficie del desierto; pero en las calles de Diaspar siempre era de día, y jamás llegaba la oscuridad. Las largas noches del invierno podían salpicar la arena del diserto con la escarcha y el rocío, procedente aún de la leve capa atmosférica que todavía quedaba en la Tierra, congelada, pero la ciudad no conocía ni el frío ni el calor. No tenía el menor contacto con el mundo exterior: era un universo en sí mismo”. “Desde que se construyó la ciudad, los océanos de la Tierra habían desaparecido y el desierto se había extendido por el globo entero (…). La ciudad vivía al margen de todo cuidado: la Tierra había desaparecido y prácticamente hundida en todo su glorioso esplendor pasado, y Diaspar seguía y seguiría protegiendo a los hijos de sus constructores, sosteniéndoles, dándoles vida y conservando sus tesoros en seguridad por el transcurso de los tiempos”.

soylent_green_destino_nos_alcanceEn 1966 aparece “!Hagan sitio! ¡Hagan sitio!”, de Harry Harrison. Se desarrolla en el año 2000, en una Nueva York ungida de contaminación y poblada por treinta y cinco millones de habitantes. La situación que describe es simplemente una extrapolación de la situación presente en zonas no privilegiadas del planeta. “Al salir del húmedo zaguán, el calor de la calle Veinticinco le golpeó como una oleada de moho, un miasma sofocante compuesto de putrefacción, suciedad y humanidad sin lavar. Tuvo que abrirse paso a través de las mujeres que llenaban las gradas del edificio, andando cuidadosamente para no pisar a los niños que estaban jugando debajo. La acera quedaba todavía en la sombra, pero estaba tan atestada de gente que Andy avanzó por la calzada, lejos del bordillo para evitar los escombros y la basura acumulados allí. Los días de calor habían ablandado el asfalto hasta el punto de que cedía al pisarlo, y luego se pegaba a las suelas de los zapatos”.

-La ciencia-ficción de derechas introduce un futuro tecnificado pero no problemático porque, en suma, la ciencia ha hecho que la experiencia humana, aunque plagada de retos, valga la pena. La ciencia-ficción de izquierdas esgrime una visión crítica de la evolución de las ciudades: dualización (se entrevén dos ciudades en la ciudad, una que es cabeza de las grandes empresas financieras y de servicios, y  otro espacio diferenciado sumido en la economía sumergida, inseguridad ciudadana, deterioro de todos los servicios, marginación de los jóvenes…).

Trantor-0.jpgTrántor es un plantea-ciudad, capital del imperio Galáctico. Aparece en el segundo libro de “Fundación” (“Fundación e imperio”, 1952) de Isaac Asimov.  “Y en el centro de un núcleo de diez mil estrellas, cuya luz rasgaba la oscuridad circundante, giraba el enorme planeta imperial, Trántor…”. “Era más que un planeta: era el latido vivo de un imperio de veinte millones de sistemas estelares. Tenía una sola función: la administración; un solo propósito: el gobierno; un solo producto manufacturado: la ley. “El lustroso, indestructible e incorruptible material que constituía la lisa superficie del planeta era el cimiento de las enormes estructuras de metal que abarrotaban Trántor. Estas estructuras estaban conectadas por aceras, unidas por corredores, divididas en oficinas, ocupadas en su parte inferior por inmensos centros de venta al detalle que cubrían kilómetros cuadradas, y en su parte superior por el centelleante mundo de las diversiones, que cobraba vida todas las noches”.

En 1962 J. G. Ballard publica el relato “Billenium”, en la cual los seres humanos habitan cubículos de cuatro metros cuadros- se habla de reducirlos a tres-: el protagonista encuentra un cubículo escondido bajo el rellano de una escalera, pero pronto se abarrotará por el aflujo de amigos, familiares y familiares de familiares, más necesitados que él.

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mercaderesdelespacio.jpgLa dualización de la ciudad es patente en “Mercaderes del espacio (1953) de Pohl y Kornbluth. De un lado: “Las instalaciones del Country Club eran enormes. Lo correcto, pues, las cuotas son también enormes. Además del campo de golf, hay una cancha de tenis y de otros juegos, y el extremo norte de la habitación es todo bosques…más de una docena de árboles bien imitados”. Del otro lado: “Pero, además, eran casi las diez y los consumidores que dormían en los escalones ya estaban llegando. Traté de subir cuidadosamente, pero en el piso setenta y cuatro casi me peleo a puñetazos con un hombre acostado en el tercer escalón. Después del piso setenta y ocho, por suerte, ya no había más gente acostada. Estaba en el dominio de los jefes”.  El corazón de la ciudad está en Costa Rica: allí reside la fábrica donde la “Gallina”- una masa protoplasmática que crece sin cesar- se alimenta a base de los vertidos de la ciudad.

-En la novela de ciencia-ficción de derechas el aprovechamiento óptimo de la tecnología logra resolver, finalmente, el conflicto. En la novela de ciencia-ficción de izquierdas la deshumanización provocada por el desarrollo tecnológico es el conflicto. La tecnología no es en sí misma destructiva, pero sí lo es su explotación intensiva.

rebaño ciego.jpgEl futuro imaginado para la ciudad en la ciencia-ficción de izquierdas contiene, además de miseria material, miseria espiritual. Despersonalización. Insensibilidad. Hastío. Brunner en su “Trilogía del Desastre” (1968-1972) (“Todos sobre Zanzíbar”, “Órbita inestable, “El rebaño ciego”) pone el acento en el peligro acerca del crecimiento demográfico, la informatización de la sociedad y la contaminación. Harrison desgrana los efectos de la superpoblación, Pohl y Kornbluth en los abusos de la publicidad, y Beaumont y Glaser en la soledad del individuo.

Alice Glasser en “El tunel adelante” cuenta la estrategia utilizada por la administración pública para aliviar la explosión demográfica: un túnel se instala en el embotellado camino a al playa; el túnel se va cerrando según un programa aleatorio, y durante su cierre se gasea a los automovilistas atrapados, la mayoría de los cuales fallecen;  al domingo siguiente vuelven a la playa los supervivientes. “En algún lugar secreto de la mente, uno reconocía que había algo más. Una apuesta, el único elemento impredecible en el largo y terrible proceso de la supervivencia. Un juego. Una ruleta rusa. No quedaba otra excitación en el mundo”.

En “Mercaderes del espacio” (1953) de Pohl y Kornbluth, el sistema económico ha devorado al sistema político: las empresas transnacionales monopolizan el poder, especialmente las trasnacionales de publicidad. “Salía deshidratado del trabajo, como lo esperaba la compañía. Marqué entonces mi combinación en la fuente y obtenía un chorro de “Gaseosa”; veinticinco centavos que volaban de mi bolsillo. Como el chorro era escaso, pedía otro: cincuenta centavos. La cena era insulsa, como siempre, y yo no podía pasar más de dos mordiscos de “Gallina”. En seguida sentía hambre y me iba a la cantina donde me daban a crédito algunas “Crocantes”. Las “Crocantes” me secaban la garganta y tenía que volver a la “Gaseosa”. Y la “Gaseosa” me daba ganas de fumar: fumaba un “Astro”. El “Astro” me daba ganas de comer: comía otra “Crocante…”. Mientras los grandes ejecutivos nadan en la abundancia, los consumidores están atrapados en el círculo infernal del consumo (“Gaseosa”, “Astro”; “Gallina, “Crocante”…son marcas de la compañía).

En la segunda parte de “Mercaderes del espacio”, “La guerra de los mercaderes” (1986) –escrita únicamente por Pohl- las técnicas publicitarias han progresado: antes se contentaban con poner una droga que producía adición e las muestras gratuitas de “Mascafé”; ahora, los anuncios son bombas sonoras que provocan en la audiencia una “dependencia campbelliana” (el doctor Campbell había descubierto esa técnica: “inició sus investigaciones al descubrir que muchos de sus alumnos experimentaban gran placer a partir de lo que en la época se llamaba música rock. La saturación de los sentidos producida por la estridencia de la música estimulaba las zonas límbicas, ergo el placer, con lo cual descubrió un método sencillo y poco costoso de condicionar a los sujetos de la forma y manera deseadas)”.

islaBallard  es paradigmático en el aviso del impacto de lo tecnológico sobre nuestro propio concepto de cuerpo y subjetividad. En Ballard observamos que el medio “interior” está condicionado por el espacio urbano “exterior”; es decir, no sólo por el entorno tecnológico, sino por el modo como éste configura nuestras fantasías. En “La isla de cemento” (1974) un hombre ha caído en una de esas isletas pintadas de verde que hay en los nudos de las autopistas, y durante mucho tiempo queda recluido en ese extraño hábitat sin que nadie del flujo continuo de automovilistas acuda en su ayuda.

Crash.jpgEn “Rascacielos” (1975) los inquilinos de un moderno rascacielos se aíslan del exterior y acaban enfrentándose entre ellos hasta destrozarse. En “Crash” (1973) el automóvil aparece como metáfora sexual y como metáfora total de la vida en la sociedad contemporánea. Es la primera novela de pornografía tecnológica. “La pornografía es la forma literaria más interesante políticamente, pues muestra cómo nos manipulamos y explotamos los unos a los otos de la manera más compulsiva y despiadada”, enunciaba Ballard.

Serge Moscovici  opone las revoluciones utópicas (inventan un modelo social que no ha existido) a las revoluciones tópicas (nos sitúan en estados que han existido ya). La mayor parte de la ciencia-ficción de izquierda toma el camino tópico, en tanto en cuanto no le es necesario presentar otros mundos sino remitirse a los conflictos que están ocurriendo en el nuestro.

-En las novelas de izquierdas las condiciones son fácticas. El problema que plantea es: a dónde iremos, si seguimos por este camino. En las novelas de derechas, lo problemática es el origen: los descubrimientos científicos y tecnológicos se introducen como axiomas. En las novelas de izquierdas, lo problemático es el final: esos axiomas ya están introducidos en lo real (el camino está fijado), el problema es a dónde nos llevan.

-La novela de derechas forma parte de una onda retardada (qué futuro contiene nuestro presente). La novela de izquierdas forma parte de una onda avanzada (qué presente contiene ese futuro: cómo debemos modificar el presente para evitar el futuro- es una reflexión del presente sobre sí mismo en el espejo del futuro.

En resumen, la ciencia-ficción de derechas (Asimov, Heinlein, Clarke) es más bien optimista (puesto que nos llevan a un final feliz, dejemos las cosas como están).asimov-515x405

Y la ciencia-ficción de izquierdas (K. Dick, Brunner, Ellison, Ballard, Pohl, Wolfe) es más bien pesimista (puesto que nos están arrastrando al desastre, tratemos de construir un estado de cosas diferente).

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