Baudrillard

Antoni Muntadas. Instalación.

“Siento que el balance entre ficción y realidad ha cambiado  significativamente en la última década. Rápidamente sus roles se han invertido. Vivimos en un mundo gobernado por ficciones de todo tipo (…) Vivimos dentro de una enorme novela. Para el escritor en particular es cada vez menos necesario inventar el contenido ficcional de su novela. La ficción ya está ahí. La tarea del escritor es inventar la realidad.”

 “El territorio ya no precede al mapa, ni sobrevive en él. Sin embargo, el mapa que precede al territorio (precisión de simulacro) es el que lo engendra y, volviendo a la fábula, actualmente los fragmentos del territorio se descomponen lentamente por la extensión del mapa. Son los vestigios de lo real, y no del mapa, los que persisten aquí y allá en los desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestros. El propio desierto de lo real.”

 “Aquí nadie mira a los demás. Se tiene demasiado miedo a que se nos arrojen encima con una petición insoportable, sexual, de dinero o de afecto. Todo está cargado de una violencia sonambúlica, y es preciso evitar el contacto para eludir esa descarga potencial (…) todo el mundo es para el otro un posible loco (…) Por todos lados, las fachadas de cristal ahumado semejan rostros: superficies esmeriladas. Es como si no hubiera nadie en el interior, o nadie detrás de los rostros. Y realmente no hay nadie. Así funciona la ciudad ideal.”  

“La verdad de los medios de masas es pues la siguiente: cumplen la función de neutralizar el carácter vívido, único, de acontecimiento del mundo, para sustituirlo por un universo múltiple de medios homogéneos en su calidad de tales, que se significan recíprocamente y donde cada uno remite a los otros. Hasta el punto de que cada uno llega a ser el contenido recíproco de los demás y éste es el “mensaje” totalitario de una sociedad de consumo.

Lo que transmite el medio televisión, a través de su organización técnica, es la idea (la ideología) de un mundo visualizable y disponible, enmarcable y legible en imágenes. La televisión transmite la ideología de la omnipotencia de un sistema de lectura en un mundo que se ha transformado en sistema de signos. Las imágenes de la televisión pretenden ser metalenguaje de un mundo ausente. Así como el menor objeto técnico, el mínimo gadget, es promesa de una asunción técnica universal, las imágenes/signos son presunción de una imaginación exhaustiva del mundo, de una asunción total del modo real a la imagen que sería como su memoria, la célula de lectura universal. Detrás del “consumo de imágenes” se perfila el imperialismo de un sistema de lectura: progresivamente tenderá a existir sólo aquello que puede ser leído (lo que debe ser leído: lo “legendario”). Ya no será cuestión entonces de la verdad del mundo ni de su historia, sino solamente de la coherencia interna del sistema de lectura. Así vemos que, a un mundo confuso,conflictivo, contradictorio, cada medio le impone su propia lógica más abstracta, más coherente. El medio se impone pues como el mensaje mismo, según la expresión de McLuhan. Y lo que consumimos es la sustancia del mundo fragmentada, filtrada, reinterpretada según ese código a la vez técnico y “legendario”: toda la materia del mundo, toda la cultura tratada industrialmente en productos terminados, en material de signos, de la que se ha evaporado todo valor de acontecimiento,todo valor cultural o político”.

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